Como nos cuenta Fernando Rueda en su último libro (que ya hemos comentado más de una vez en este blog) "La cocina popular de Málaga" (Ed. 2018) P. 72/73, el ajoblanco se tomaba entre la gente del campo de Andalucía con lo que había a mano, un gajo de uvas, unas almendras...por cierto, tradicionalmente no se incorporaban los granos de uva dentro del ajoblanco como se hace actualmente. Según se degustaba el ajoblanco y entre cucharada y cucharada se desgranaba las uvas directamente del racimo. El contraste entre lo dulce de las uvas y lo sabroso del ajoblanco resulta delicioso y refrescante.