Cómo hacer una dorada a la sal

Vamos a cocinar hoy una dorada a la sal en el horno. No conozco plato más fácil de elaborar que éste. Fácil, rápido, de precio razonable (si no se trata de una dorada salvaje, claro), sano y sabrosísimo. No se puede pedir más!! A que no?
Si no habéis probado este sistema de cocción en su propio jugo, hacedlo ya!! No os defraudará el resultado. El pescado queda jugoso, en su punto de sal a pesar de la cantidad ingente que de ella se utiliza, tierno...en fin, una delicia para el paladar.
Yo suelo acompañar la dorada o con alioli o con patatas a lo pobre. Esta vez toca la segunda guarnición cuya explicación os pondré en otra entrada. Ya veréis lo fácil que resulta preparar estas patatitas tan sabrosas!! Mientras tenemos la dorada en el horno se nos van haciendo las patatas en la sartén.
Lo habitual es preparar para dos una dorada de mayor tamaño que la que yo voy a cocinar o un par de unos 400/450 gramos. Tenía dos doradas de unos 750 gramos cada una. Pero como llevo unos días bastante pachucha no me apetecía comer mucho hoy así que he decido reservar una de las doradas para elaborarla en otro momento. Aunque ya digo, esta cantidad resulta algo escaso para dos raciones de tamaño normal.
No suelo congelar pescado porque así como la carne reconozco que no tengo tan afinado el paladar como para distinguirla. No me pasa con el pescado igual. De una merluza fresca a una descongelada va un mundo. En textura, en suavidad, en sabor... En cambio, la dorada creo que es un pescado que congela muy, muy bien. Así que, ya digo, reservaré la segunda en el congelador para otro momento.

INGREDIENTES (Para dos raciones)
  • 1 dorada de 800/850 gramos o dos de 400 gramos
  • 2 kg de sal muy gruesa
  • Una pizca de agua
ELABORACIÓN:
Comencemos hablando de "la invitada" ;)  El estado del pescado cuando lo compramos es de absoluta importancia. No únicamente para el paladar, sobretodo para la salud. Os pongo a continuación un enlace de Eroski Consumer en la que se explica de modo muy pedagógico una serie de "pistas" que nos darán idea del nivel de frescura que tiene el pescado que vamos a adquirir.
No hace falta decir que las condiciones del pescado cuando lo adquirimos debe ser las idóneas: La piel brillante con colores vivos; las escamas relucientes; la carne debe ser firme y resistente a la presión (si presionamos con un dedo sobre ella y cede...es un claro síntoma de que ese pescado no es fresco); el interior de las agallas tendrán que presentar un color rojo intenso; los ojos serán brillantes, llenos y saltones y por supuesto...olor agradable, jamás a amoníaco!!
Podría prepararse limpia en la pescadería del modo habitual, abriéndola y eliminado las vísceras, pero yo prefiero decirle al pescadero que me la prepare para hacer a la sal. Saca las vísceras por la boca y no abre el abdomen, así la dorada guardará todos sus jugos en la cocción.
Una vez ya en casa lavar el pescado bajo el chorro del grifo con agua fría para enjuagarla un poco y ya tendremos a nuestra dorada lista para elaborarla.
Y ahora sí, manos a la obra!!
  1. Precalentaremos el horno a 220º (calor por arriba y por abajo).
  2. Tomaremos una bandeja de dimensiones suficientes para que la o las doradas quepan de forma holgada en ella teniendo en cuenta que irán cubiertas con mucha sal y por tanto necesitarán más espacio del que ocupan ellas solas. Pondremos en el fondo de la bandeja una buena capa de sal. Gordita, de unos dos centímetros de alta. Ello impedirá que el pescado toque el fondo de la bandeja llegando a pegarse a él o incluso quemarse. Echaremos un poco de agua sobre esta sal. Con dos o tres veces que nos mojemos las dos manos bajo el grifo y salpiquemos con ellas la sal, será suficiente. Mezclamos un poco para humedecer un poquito la sal por igual y nos cercioramos de que no quede hueco alguno en este lecho por el que se puedan escapar los líquidos de la cocción.
  3. Pondremos la o las doradas sobre este lecho generoso de sal gruesa humedecida. 
  4. Cubriremos la parte superior de la dorada con otra capa de sal también de buen grosor. Aplastaremos bien con las manos para que la sal se adhiera perfectamente al pescado. Haremos igual que en la capa inferior: evitar cualquier hueco en la sal que permita la evaporación del jugo del pescado que es el que permitirá su cocción.
  5. Meteremos la bandeja en el horno precalentado a 220ª y hornearemos unos 40 minutos. El tiempo dependerá de dos factores: del funcionamiento de vuestro horno y del tamaño de las doradas. Si hacemos una dorada muy grande será preciso agregar algo más de tiempo, claro. Yo he tenido esta 40 minutos y ha salido en su punto, con la carne hecha pero jugosa, nada reseca.
Cuando saquemos la bandeja del horno observaremos que la sal se ha compactado totalmente formando una costra muy dura. Tan dura que os va a costar romperla.
Ahora sacaremos la dorada de esta sal. Poned la bandeja en un lugar dónde trabajéis amplios y cómodos. Cuántas menos cosas tengamos alrededor del espacio de trabajo, mejor!!
El pescado se enfría con gran facilidad así que deberemos trabajar un poquito ligero para emplatar lo más pronto posible y poder comer el pescado calentito, para ello lo mejor será tener a mano todo lo que vayamos a precisar.

Vamos a precisar una manopla para agarrar firmemente la bandeja. Cuidado con no quemaros!! En este momento tanto la sal como la bandeja están que arden!! Necesitaremos también un cuchillo de punta redondeada que sea fuerte y nos valga para golpear con él la capa de sal y para ir levantándola. Una espátula nos vendrá muy bien tenerla a mano porque nos ayudará a ir retirando los lomos del pescado.
Cómo sabemos si está en su punto? Si la carne está blanca, jugosa, sin sangre ni zonas crudas; si la espina se despega sin ejercer demasiada presión...si la carne se desprende con facilidad de la piel...está en su punto!!
Acompañado de patatas a lo pobre. estará deliciosa!! Pinchad en el vínculo para saber como se elaboran si no las habéis preparado nunca. Os gustarán, seguro!!
Eso es todo!!! No tiene misterio. Verdad?  Buen provecho.

Huevos de codorniz marinados, una tapita fácil y rápida.

Una tapa original, rápida y fácil? Estos huevos de codorniz marinados!! No tardan casi nada en estar listos y los podéis cocinar con las hierbas que tengáis a mano.
Se ponen a macerar unas horas antes de consumirlos porque así se habrán tomado bien del sabor del aliño. Pueden estar en el frigorífico hasta el día siguiente pero yo aconsejo que no los dejéis más tiempo no sea que se os estropeen.

Albóndigas en salsa casera (Tiernas y jugosas) con patatas fritas

Si hay un plato que no suelo pedir en bares y restaurantes es éste, las albóndigas. Suelen estar secas. Pueden llevar una salsa muy rica pero por dentro están como piedras, sin sustancia, sin jugo. Las albóndigas saben a carne de hamburguesas y la salsa a lo que sepa la salsa.. a que habéis tenido esta experiencia?
El secreto para hacer unas estupendas y jugosas albóndigas es la cocción de la carne dentro de la salsa. De esta manera la salsa se "incorpora" a la carne de las albóndigas aportándole todo su sabor.
He leído muchas recetas de este plato y en un alto porcentaje frien las albóndigas por una parte; de otra hacen la salsa y casi finalizan poniéndoles ésta por encima. Sin más. Así es imposible que las albóndigas sepan a nada más que a la carne de la que están compuestas.
Os propongo esta forma de prepararlas. Comprobaréis un resultado muy distinto.
Un tema importante en la elaboración de este plato es que la salsa no está espesa desde el comienzo facilitando así su penetración en la carne. De tener una salsa espesa el proceso costaría mucho más. Esta salsa se va espesando poco a poco a la vez que va impregnando totalmente por dentro las albóndigas.
En resumen, tres son los secretos que para mí dan por resultado unas sabrosas albóndigas en salsa:
  • Incorporación de ingredientes húmedos a la masa de las albóndigas en la cantidad justa para que no resulten demasiado "densas" y secas por tanto
  • Cocción lenta y durante el tiempo suficiente dentro de la salsa para que tomen el sabor de ésta, quedando jugosas y tiernas (tiempo que si utilizamos olla rápida como veréis se reduce a 7/10 minutos)
  • Utilización de un fondo oscuro que enriquecerá el sabor de la salsa.
Vamos a las explicaciones sin más tardanza.


INGREDIENTES
  • Ingredientes para las albóndigas
    • 800 gramos de carne picada (mezcla de cerdo y ternera)
    • 2 huevos
    • 70 gramos aproximadamente de pan rallado
    • Unas ramas de perejil picado (solo hojas)
    • Una pizca de canela
    • Una pizca de nuez moscada
    • Un poco de sal
    • Un poco de pimienta negra molida
    • 2 dientes de ajo picados
    • 100 cc de leche entera
    • Harina para rebozar
    • AOVE para freir
  • Ingredientes para la salsa
    • Unas cucharadas del aceite de freir las albóndigas (colado)
    • 2 dientes de ajo
    • 1 cebolla grandecita
    • 1 vaso de vino blanco
    • 1 hoja de laurel
    • 2 ramitas de perejil
    • 1 ramita de tomillo
    • Pimienta negra en grano
    • 1 litro de fondo oscuro (o caldo de carne)
    • Sal
    • 2 zanahorias (que sean tiernas)
    • 1 latita de guisantes
ELABORACIÓN:
Comenzaremos batiendo los dos huevos en un bol amplio. Agregaremos la leche y los dos dientes de ajo picaditos y también el perejil. Si lo preferís podéis machacar los dientes de ajo en lugar de cortarlos. Yo en esta ocasión he preferido incorporarlos troceaditos bien pequeños.
A continuación añadiremos la nuez moscada, la canela, la sal, la pimienta negra. Removeremos bien el conjunto.
Incorporaremos la carne picada. Aquí quiero hacer un comentario. Podríamos hacerlas con carne de ternera solamente. Pero en ese caso deberíamos añadir algo de tocino bien picadito. Yo las hago con mezcla de cerdo y ternera por esa cuestión precisamente. Porque la carne de cerdo le aporta la grasa necesaria para que no queden secas. Removeremos un poco el conjunto e incorporaremos el pan rallado. Inicialmente poca cantidad.
Es preferible mezclar bien con las manos, si no os importa manchároslas. Se tarda menos y queda mejor. La mezcla debe quedar blandita, pero suficientemente densa como para formar bolitas sin que se nos pegue en exceso a las manos. Si viéramos que se nos ha espesado en exceso pondríamos un chorrito muy pequeño de leche y volveríamos a mezclar. Si, por el contrario, nos ha quedado líquida en demasía añadiremos más pan rallado.
Taparemos con film plástico de cocina la carne y dejaremos que repose un rato tapada.
Formaremos las bolitas (a mí no me gustan demasiado grandes pero eso va a gustos...) las pasaremos por harina
Y las freiremos en AOVE bien caliente hasta que estén doraditas. No demasiado porque lo importante aquí es "sellarlas". El interior ya se hará dentro de la salsa al cocer.
Según vayan saliendo de la sartén iremos poniéndolas sobre papel de cocina para eliminar el exceso de aceite.
Vamos a proseguir ahora con la salsa.  Colaremos el aceite dónde hemos frito las albóndigas y echaremos unas cuantas cucharadas en una cacerola bien amplia dónde las albóndigas quepan holgadas. Lo pondremos a calentar y doraremos en él los dos dientes de ajo picaditos.
Me gustaría comentar el hecho de que veo en muchas recetas la incorporación de cebolla y ajo a la vez al sofrito. Veamos, si nos gusta ese sabor de ajo "frito" no podremos añadirlo junto con la cebolla, por un motivo muy simple, porque la cebolla en cuanto toma contacto con el aceite caliente comienza a exudar agua con lo que el ajo no freirá si no que cocerá y ya sabemos lo distinto que es el sabor del ajo cocido del frito. Verdad?
Bien, una vez el ajo ha tomado un bonito color dorado incorporaremos la cebolla picadita. Dejaremos que se poche despacito a fuego muy lento con la cacerola tapada.
El paso siguiente será la incorporación del vaso de vino blanco. Subiremos el fuego un poco para reducir el vino y una vez ha reducido un poco añadiremos el bouquet garni (Pinchad aquí para ver su forma de elaboración) y las bolitas de pimienta negra.
Pondremos las albóndigas que teníamos reservadas dentro de la cacerola y añadiremos el litro de fondo oscuro.
Ya sé que quizás no os vaís a poner a hacer un fondo oscuro solo para hacer estas albóndigas pero si os gusta enriquecer las salsas con un buen fondo oscuro y soleis tenerlo en el congelador o en el frigorífico esta es una buena ocasión para utilizar parte de él. Os pongo el vínculo para los que no lo habéis hecho nunca si tenéis curiosidad por saber cómo se hace. Os aconsejo que probéis la diferencia del sabor de la salsa enriquecida con un fondo de este tipo.
De todos modos si no tenéis a mano un fondo oscuro utilizad sin problema un buen caldo de carne, casero a ser posible pero si no hay otro remedio... uno comprado, de una marca que os merezca garantía también será adecuado.
Removemos bien el conjunto, rectificaremos de sal (cuidado porque la salsa reducirá aumentando la concentración de sales) y dejamos que las albóndigas cuezan dentro de la salsa con la cacerola tapada para evitar evaporaciones innecesarias. Como podéis ver en esta fotografía hay mucha cantidad de salsa, más de la que se precisa pero pongo esta cantidad de manera intencionada. Os explico, la harina que lleva el rebozado de las albóndigas irá espesando la salsa poco a poco y si dejo poca cantidad de salsa, en poco rato tendré una mezcla tan espesa que además de correr el riesgo de que se me pegue al fondo de la cacerola, no podrá penetrar en las albóndigas impidiendo con ello que me queden jugosas.
Si las hacéis en cacerola normal os van a salir igual que si utilizáis una olla rápida. Mi olla rápida tiene un diámetro que me viene de perlas para cocinar en ella platos de este tipo. Es de 28 cm, un diámetro que frabrican muy pocas marcas de ollas rápidas.
Me ahorro una cocción de 30/45 minutos...cierro la olla y cuando sube la válvula con diez minutos hay de sobra. Sé con seguridad que tendré unas albóndigas absolutamente tiernas y jugosas.
Si no necesitáis que la salsa esté fina podéis añadir las zanahorias y guisantes antes de cerrar la olla pero a mí me gusta que la salsa esté triturada. Por eso retraso la incorporación de la zanahoria y los guisantes hasta después de haber triturado la salsa. No lleva demasiado trabajo, aparto con un tenedor las albóndigas y las voy poniendo en una bandeja. La salsa la pongo en un vaso alto y trituro el conjunto con la batidora eléctrica. Incorporo de nuevo salsa y albóndigas a la cacerola. Añado las zanahorias troceaditas y los guisantes y dejo hervir solamente el tiempo que sea necesario para ablandar las zanahorias, que ya sabéis que es muy poco si son tiernas y están cortadas pequeñitas. Aquí ya le daré el punto de sal que me guste ya que no reducirá en exceso.
Suelo servirlas acompañadas de patatitas fritas cortadas en cubitos. Me gusta incorporarlas al guiso unos minutos antes de apartarlo del fuego porque así las patatas toman el sabor de la salsa. Pero también quedan bien sin cocer en ella.
Quiero deciros que es un plato que congela perfectamente. Siempre hago mucha más cantidad de la que precisamos en casa para una comida y el resto lo pongo en tuppers dividida en raciones que voy sacando según preciso. Un consejo: si váis a congelar estas albóndigas dejad la salsa un poquito más clara de lo que os guste. Por qué? Pues porque es mucho más fácil calentarlas cuando estén descongeladas. Pensad que la salsa al enfriarse espesa.
Bueno, hasta aquí esta receta que estoy segura de que os encantará si la probáis.
















FONDOS BÁSICOS - Fondo oscuro (Fond brun) - Caldo oscuro

Los "Fondos" son uno de los fundamentos de la cocina. Comunmente se los conoce como "caldos" y son la base para la elaboración de muchas otras preparaciones. Sirven para para humedecer estofados, constituye el ingrediente principal de algunas sopas y consomés y son la base para elaborar salsas por todos conocidas y para enriquecer muchos platos.
Existen varios tipos de fondos, el fondo blanco (Fond Blanc) el fondo oscuro (Fond brun) y el caldo de pescado (llamado Fumet).
Hoy haremos un fondo oscuro. Nos servirá para enriquecer platos de carne o de caza y elaborar salsas tan conocidas como la Salsa española (Ya os pondré una entrada explicando su elaboración) o la demi-glace.
La diferencia fundamental entre un fondo claro (todos los ingredientes van en crudo) y un Fondo oscuro es el proceso de tostado al que se someten todos sus ingredientes y que nos dará un sabor a asado, no cocido como en el fondo blanco. Este proceso de tostado de una parte le van a aportar color al fondo, evidentemente también sabor y, como luego veremos, nos servirá para eliminar buena parte de las grasas que contienen los huesos.
La elaboración de un buen fondo lleva su tiempo pero de verdad que merece la pena el tiempo empleado en ella. Pensemos también que nos va a salir cierta cantidad y que podremos conservarlo en el frigorírico 5/7 días o, mejor, dentro del congelador y así podremos utilizarlo cuando nos convenga.
INGREDIENTES:
  • 4/5 litros de agua
  • 3 kg huesos de ternera (de rodillas y de caña para que tengan tuétano)
  • 1 "Bouquet garni" (Hoja de laurel, ramita de perejil y ramita de tomillo)
  • 250 cc de vino tinto de muy buena calidad
  • Ingredientes de la bresa:
    • 1 cebolla bien gorda
    • 2 puerros (las partes más verdes)
    • 2 zanahorias
    • 2 tomates maduros
ELABORACIÓN
Precalentamos el horno a 180/190 grados e introducimos en él la bandeja con todos los huesos.
Dejaremos dorar los huesos unos 45 minutos. Eso dependerá del funcionamiento de nuestro horno, claro.
 
Mientras van dorándose los huesos en el horno prepararemos el bouquet garni. Para ello tomaremos una hoja de laurel, pondremos encima una ramita de perejil doblada y una de tomillo, envolveremos ambas con la hoja de laurel y sujetaremos el "paquetito" con hilo de cocina. Así podremos sacar las especias cuando nos interese sin que se mezclen con el resto de ingredientes.
A continuación prepararemos la bresa, es decir las verduras que se utilizarán en el fondo oscuro y que también irán todas tostadas. Por tanto no las cortaremos demasiado pequeñas para que no se tuesten en exceso dentro del horno y nos aporte un sabor amargo al caldo.
Transcurrido el tiempo suficiente para que se doren un poco los huesos, añadiremos a la bandeja las verduras troceadas y las someteremos también al horneado durante una media hora aproximadamente para que la verdura pierda todo el agua y se dore.
Una vez tengamos ya dorados huesos y verduras incorporaremos estos a la olla que tendremos llena con 4/5 litros de agua fría.

Decíamos arriba que este dorado de los ingredientes que forman parte del fondo oscuro nos servían para dar color, aroma...pero también para eliminar parte de las grasas.
Fijaos en la bandeja una vez sacados los huesos... tenemos el concentrado que se adhiere al fondo tras haberse asado los huesos y verduras pero también hay una cantidad importante de grasa que deberemos desechar ya que no nos aporta nada en absoluto al caldo. Por eso iremos cogiendo con unas pinzas los huesos y verduras pero no volcaremos el contenido de la bandeja. Una vez quitados huesos y verduras de la bandeja pondremos esta sobre el fuego de la cocina para que la grasa se licúe mucho y sea más fácil eliminarla.
Y ahora sí, ahora tendremos en la bandeja únicamente "la sustancia", los jugos caramelizados que han quedado adheridos al fondo producto de haber tostado los huesos y verduras. Ese "repegadito" por supuesto que sí lo aprovecharemos para el caldo. Ahora tendremos la bandeja limpia de grasa.
Esa sustancia incrustada en la bandeja la desglasaremos con vino. Esperamos a que se caliente bien y echaremos el vino tinto. El vino caliente irá despegando la sustancia pegada a la bandeja. Esperaremos a que el vino reduzca un poco con la placa sobre el fuego de la cocina.
Iremos raspando un poco con espátula el fondo de la bandeja para que se vaya desprendiendo toda la sustancia y se mezcle con el vino. Volcaremos el contenido de la bandeja en la olla.
Pondremos la olla a fuego lento. No permitiremos que hierva fuerte en ningún momento porque las grasas quedarían incorporadas al caldo y no sería aconsejable.
Tan pronto como veamos que en la superficie del caldo aparece espuma iremos retirándola con una espumadera..
Tendremos un recipiente con agua fría al lado para ir "limpiando" la espumadera cada vez que desespumemos, esto facilitará que la espuma quede en el agua y no en la espumadera.
Habremos tenido el caldo como 6/7 horas hirviendo despacio. El trabajo de desespumar casi es constante a lo largo de toda la cocción. Al final ya lo que nos quedará será retirar de la superficie del caldo la grasa que pueda haber. Con un cucharón o cazo haremos este proceso eliminando la mayor cantidad de grasa que podamos.

También podríamos desgrasarlo dejándolo enfriar completamente. La grasa se irá arriba formando una película sólida que será muy fácil de retirar.
Por último colaríamos este caldo sobre un colador con un papel de cocina. Iremos echando el caldo a cazos sobre el colador, poco a poco. No volcando de golpe.
Este caldo podría ser una base para guisos, para asados, para estofados..Pero si quisieramos utilizarlo para salsas deberíamos reducirlo por evaporación.
Para obtener una glasa deberemos reducir a la décima parte de su volumen el fondo oscuro una vez desgrasado y eliminado cualquier impureza que pudiera contener,  sometiéndolo a una cocción lenta durante el tiempo necesario para que vaya reduciéndose hasta tener una consistencia viscosa, desespumando si fuera necesario.  El resultado final será una especie de jarabe, brillante y densa.
Esta sustancia concentrada se utiliza en pequeñas cantidades para reforzar el sabor de salsas y guisos o para napar algunos alimentos.
Por el contrario, para obtener la base de una Salsa española reduciremos a la mitad de su volumenn el fondo oscuro.

Pollo al horno con cebollitas francesas

Podría realizarse esta receta de la misma forma sin trocear el pollo. En mi caso, no somos más que dos en casa y preparar el pollo de esta manera me permite tener congelada otra ración para dos que me viene de perlas cuando no tengo ganas o tiempo de cocinar. Así troceado en trozos grandes lo empaqueto mejor y me cabe en un tupper altito. Además, creo tarda menos tiempo en hacerse que si no lo troceamos y que la carne se impregna más de los aromas de la salsa. De todos modos si os apetece hacerlo entero, ya sabéis, todo igual pero sin trocear.

Precisamente porque la segunda vez que tomo este pollo asado es después de haberlo descongelado ya cocinado, procuro al meterlo en el congelador, que tenga suficiente salsa para que luego al calentarlo e nuevo en el horno no se me quede en nada e incluso se me llegue a pegar. Por eso véis que en las fotografías hay bastante salsita.
INGREDIENTES
  • Un pollo bien grande entero o cortado en octavos.
  • Una bolsa de cebollitas francesas
  • 3 ó 4 dientes de ajo gorditos
  • 1 limón
  • sal
  • pimienta negra
  • 1 vaso escaso de aceite
  • 1 vaso escaso de brandy
  • Un poquito de agua (si fuera preciso)
ELABORACIÓN:
  1. Precalentamos el horno a 200º aproximadamente. Calor por arriba y por abajo.
  2. Ponemos en la bandeja de hornear el pollo troceado, las cebollitas francesas peladas, los ajos enteros pelados.
  3. Salpimentamos.
  4. Cortamos en limón a la mitad y exprimimos un poco su zumo por encima del pollo dejando el limón dentro de la bandeja para que se cocine.
  5. Calentamos bien el aceite y cuando comience a humear lo echamos sobre el pollo.
  6. A continuación echamos el vaso de brandey en el fondo de la bandeja sin mojar el pollo.
  7. A partir de ahora solo nos resta que el pollo vaya dorándose poco a poco. Cuando esté bien doradito por un lado daremos la vuelta a las piezas con unas tenazas y dejaremos que se vayan haciendo del otro lado. De vez en cuando, mientras dura el asado, iremos regando el pollo con el líquido de la bandeja para que no se quede seco y vaya tomando el sabor de los ingredientes.
Si viéramos que las cebollas y los ajos ya están perfectamente dorados los retiraríamos reservándolas para ponerlos en el último momento ya que de lo contrario quizás se nos tuesten demasiado.
Si la salsa se nos evapora en exceso podemos agregarle un chorrito de agua. Lo importante es que el pollo no se ase de forma "seca" si no que tenga líquido suficiente para ir impregnándose y que quede jugoso.

Puerros agridulces

Hace ya muchísimos años, íbamos de viaje y parando en un restaurante de carretera para hacer un alto en el camino vimos unos puerros entre las tapas que ofrecían. Nunca se nos hubiera ocurrido que unos simples puerros pudieran estar tan deliciosos. Por supuesto pedimos un par para probarlos. El camarero fue tan amable que al comentar que nos habían encantado nos dijo como los preparaban. El sabor agridulce aderezado con una pizca de pimienta negra y un chorrito de aceite no podéis imaginar lo ricos que están!